Me has tenido entre las yemas de tus dedos más tiempo del que has debido, me has mentido por encima de tus posibilidades y, aún así, sigo intentando tenerte conmigo, traerte a mi lado, que te acuerdes en algún momento de lo que significaba sonreír a la vez, y el por qué de que los domingos se volvieran el mejor día de la semana. Fuimos niños jugando a ser adultos y, como era de esperar, nada acabó bien.
Deja que vuelva a conocerte, que cuando te encuentre por nuestra ciudad me sonrías y recuerdes, y me hagas recordar. Deja que deje de pensarlo, y pase a sentirlo. Deja de mentir, deja de adivinar, de intentar tenerlo todo bajo control. Deja que deje de ser el pasado; conviérteme en el presente; conviértete en el futuro.
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