martes, 31 de diciembre de 2013
5L.
la vida se ha hecho invierno,
y se me ha hecho casi de día
escuchando cómo sonaba tu voz
a cientos de kilómetros.
Quizá te digan eso
de mis idas y venidas,
o intenten convencerte de que en mi cuerpo
no cabe ni un solo nombre mas.
No les creas.
Tengo un hueco para ti
en cada uno de mis rincones;
y si ni siquiera yo sé lo que quiero
no va a saberlo nadie.
Lo que sí sé es que me estás esperando,
y que en cuanto me aflojen la soga
voy a correr hacia ti como una yegua de carreras.
Voy a embestirte con todas y cada una
de las células de mi cuerpo.
Y te va a faltar campo para correr
cuando te cuente todo lo que he soñado contigo.
De ti espero simplemente que, como siempre,
me beses los ojos y te dejes hacer,
y me digas mirándome a las manos que menos mal,
que ya era hora, que se estaba acabando el año
y te podía la tristeza de dormir otra noche más sin mí.
lunes, 16 de diciembre de 2013
¿Dónde estabas?
Estos días son testigo de los abrazos que te he soñado pensando en otros nombres, de cómo no quiero quererte por miedo a quererte sin querer. Pero me sorprendo fumando por no comer entre horas, comer entre horas, comer...te entre horas. Tu colchón es la mejor dieta que el hombre ha sido capaz de inventar.
Y tus brazos no son tan largos como para abrazarme a kilómetros, ni tu cuerpo es tan alto como para regalarme la lluvia que necesito para apagar todo este fuego. Pero tus palabras engloban el planeta y son tan concretas que me encogen las tripas y me las arrugan como una hoja de papel que ya no sirve. Borradores; como mi espalda a tus dedos, o esta historia al resto de nuestras vidas.
Si me permites divagar, hace tiempo que no me ando por las ramas. Ya no pienso en nada si puedo permitirme reflexionar. Escribo torcido sobre horas en blanco llenas de tachones. Y la curva de tu sonrisa se parece tanto a la mía que somos el círculo perfecto que todos dicen que es imposible representar. Representar. Presentar. Presente. Ya sabes lo que dicen del futuro y el pasado.
Eres un minuto al día, y yo soy un año en un suspiro, y aún así me buscas, me encuentras, y vuelves sin haberte marchado. Y todo es tan bonito que no me gusta, porque me asusta la tranquilidad de saberme segura contigo. Conmigo. Contigo. Sin mí.
No intentes entenderlo, porque nada tiene sentido. Ni yo sé escribir, ni tú sabes leer. Ni estas palabras han salido de mis dedos, ni tú eres el somnífero que me mantiene despierta todas las noches. No eres poesía, no soy adicción. No somos risa envasada al vacío en condones de látex. No somos viajes que aún están por venir. No eres Madrid. No soy Jaén. Y 1999 no me cogió anoche por sorpresa, saliendo de tu habitación, mientras que yo te esperaba desnuda, fumando, y sin ganas de volver a soñar.
lunes, 9 de diciembre de 2013
7L.
Hemos hecho girar al mundo más deprisa de lo que giran las manecillas de nuestros relojes. Me has encontrado abrazada a tus mañanas en un sofá desvencijado que amenazaba con ceder ante nuestro peso. He olido mi pasado en tu cuello, y te he besado hasta borrar de tu piel todo rastro de ternura.
Hemos empañado cristales en autovías y hemos empujado nuestras ganas cuesta arriba, para lanzarnos por la pendiente y ser capaces de volver a arrancar. Nos han dado las tantas esperando un poco de paz, y hemos reído con las letras de tu nombre en labios de los míos.
Mis ojos morados te culpan por el insomnio que los causa, y es que he soñado menos contigo de lo que habría cabido imaginar. Y por eso precisamente te escribo algo que se que no leeras, porque no se como decirte que dormir no es sinónimo de soñar, igual que reír no es sinónimo de amar.
Pero quién soy yo para decidir por mí; quién puedo llegar a ser para decir qué debo y qué no debo hacer. Cuestión de cuestionarlo, de encuestar a las sabanas que nos han dado abrigo y preguntarles si realmente creen que lo que vieron fue amor. Y seguir confiando en el tiempo, que nunca me ha fallado. Tiempo... Quizá sea cuestión de eso, simplemente. Quizá haga falta tiempo.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Vuelta al origen.
Nunca menosprecies el poder de los reencuentros. No debes huir de tu hogar; de hecho, aunque lo intentes no vas a poder. El hogar no es un sitio fijo, es un estado de ánimo que te mece cuando tienes sueño y que te echa un cubo de agua fría cuando tienes que despertar.
Siempre vuelvo, y creo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme que siempre querré volver. Ellos son las primeras hojas caducas del otoño, y el primer grado bajo cero del invierno; pero también son hierba en primavera y calor en verano. Son todo lo que tengo y todo lo que puedo llegar a ser.
Ellos son muchos; más de los que me gustaría aceptar; y son míos. Míos por derecho, míos por tiempo y míos por cercanía. Son casi tan míos como suya soy. Y nunca querré escapar de ellos, igual que nunca querría escapar de un lugar al que pueda llamar hogar.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Abajo.
Me tendrás tan lejos que casi podrás tocarme. Te veré tras mil pantallas buscando mis ojos, y yo seguiré mirándome a mí primero, porque ni siquiera tú tienes el poder de hacer que eso cambie. Te pediré perdón por no disculparme, te pediré explicaciones cada vez que no me engañes.
Seremos Ícaro en un Viaje al Centro de la Tierra y Lidenbrock volando cerca del sol. Seremos tan jóvenes que no moriremos nunca. Seremos tan antiguos como lo que está por llegar. Seremos uno, dividido en dos mitades por cientos de kilómetros.
Soñarás conmigo.
Mentiré por ti.
Prometo ser tuya y de nadie, como a ti te gusta. Prometo contarte lo que no me preguntes, y echarte alma para que me expíes el cuerpo. Prometo ser mucho más de lo que soy sin ti. Prometo guardarme el luto de tus ojos negros. Prometo hablar contigo hasta que se nos vaya el acento. Prometo masturbarme solo cuando tú no estés.
Solo tienes que olvidar las mentiras y desvestirme con verdades. Yo te vestiré de fiebres y contracciones, y de todo lo que con el tiempo no te podré ofrecer.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Warning.
igual que los niños creen los cuentos a la hora de dormir.
La distancia es un poema que me sé demasiado bien,
y la vida, a veces,
es casi tan puta como yo.
Tú aún no lo sabes; claro que no.
No conoces nada de otra persona si ella no quiere,
y yo no quiero que me conozcas,
porque huir duele más que no llegar nunca.
Te veo en el momento y lugar más inadecuados,
andando sobre las vías,
caminando en línea recta,
siguiendo los patrones que todos siguen,
porque están bien.
Yo voy detrás de ti, zigzagueando,
preguntándome cómo será tu vida
desde que sabes mi nombre,
qué pensarás cuando veas a dos personas
de la mano por nuestra ciudad,
cuántas horas al día inviertes
en no pensar en mí.
Y sé que ninguna respuesta me será placentera;
así que freno y nunca enuncio las preguntas en voz alta,
por miedo a que contestes.
Las mariposas del estómago habían vuelto,
y llegaste justo cuando tenía el cuerpo
en cuarentena por fumigación.
Has de entender, si no lo has entendido ya,
que una casa no puede llenarse de ilusión
cuando está vacía.
No puedo ofrecerte un hogar en mi cuerpo,
ni darte calor cuando estés muriendo de frío,
ni sonreírte cuando estés mal.
No puedo entregarte algo que no tengo.
Pero puedo alquilarte una habitación a corazón abierto,
y jugar contigo a las carreras
por los largos pasillos de mi espalda.
Puedo esconderme en tu cuello
y aparecer cuando menos lo esperes.
Puedo llenarte de inviernos la bañera
y acurrucarme contigo en verano
para que no pases dolor.
Puedo fingir estar bien,
si tú me prometes fingir que te lo estás creyendo.
Y cuando menos lo esperes,
igual que emigran las aves cuando llega el frío,
igual que desaparecen las huellas con la resaca de las olas,
igual que llegué; así de sencillo,
me habré marchado sin despedirme.
Pd: Te doy un cheque al portador con mil excusas,
para que te pagues una sonrisa nueva.
Espero que sepas no perdonarme.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Eyes on fire.
martes, 19 de noviembre de 2013
Eyes wide shut.
con la fuerza de ocho soles.
El frío de mi cuerpo no es más
que la punta de un iceberg
que emerge entre bastidores
para desvelarme el final de una historia
que ni siquiera ha tenido la oportunidad de empezar.
A estas alturas debería estar delante de ti,
mordiéndote el alma con los ojos
como hacía siempre que dejabas de quererme.
A estas alturas deberías estar dentro de mí,
rompiéndome los esquemas
mientras me suturas las heridas.
Podríamos volver a estar solos
sujetos a la mano de alguien,
mientras la oscuridad nos acaricia la espalda
y nos sopla en la nuca,
con la burla en la mirada y la lujuria en las manos.
Solo sé que no sabes nada;
que aún no entiendes el por qué de ser sin ti,
que ni después de mil vidas
serás capaz de entenderme cuando digo
que aunque muchos me hayan visto sin ropa
solo tú me has visto desnuda.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Quiero.
martes, 12 de noviembre de 2013
Reset.
martes, 5 de noviembre de 2013
El día ha amanecido más caliente de lo que cabría esperar.
domingo, 3 de noviembre de 2013
Haiku.
Todo esto me ha llevado a cuestionarme mil veces al día la misma pregunta: ¿qué pediría si la vida me cumpliera solamente un deseo? La inmortalidad está sobrevalorada; el amor únicamente trae problemas; la felicidad es tan relativa que el simple hecho de mencionarla me aterra; la amistad es uno de los lazos más frágiles de los seres humanos; la riqueza es tan insípida como el aire; y la verdad... la verdad duele demasiado como para querer conocerla.
Tengo mil deseos que no quiero ver cumplidos, y tengo otros mil que no tendría sentido cumplir. He basado mi vida en una lista de necesidades imperiosas, y si tuviera la oportunidad de cubrir alguna, no sabría decir cuál es la que más me urge. ¿Por qué? Porque ninguna es necesaria, ninguna es importante y ninguna me ayudaría a ser mejor.
Eso me deja en nada, y me hace pararme a pensar. Y odio pensar, porque me hace ver lo que soy y lo que no quiero ser; y me doy cuenta de que esas dos realidades cada vez están más cerca, hasta el punto de casi fundirse en uno.
sábado, 2 de noviembre de 2013
Han vuelto para matarme.
martes, 29 de octubre de 2013
Fábulas... o no.
Sin embargo, como todo lo bueno, terminó pronto. Sin saber ni cómo, ni cuando, se vio convertido en un vaso medio vacío. ¿Quién había sido la cruel fuente que lo había llenado sin llegar siquiera a la mitad? Ni lo sabía, ni le importaba. Simplemente se preocupó de descubrir qué era eso que, de repente, había perturbado su equilibrio. Al ver que ni por activa, ni por pasiva era capaz de descubrir de qué iba todo aquello, dejó de lado toda ilusión posible y se estancó en un suculento pesimismo que le empachó de arriba abajo.
Cuando todo parecía perdido, y suplicándose a sí mismo algo de redención por la tortura mental a la que se había autoinducido, se dio una última oportunidad. Se miró de nuevo, se autoexploró hasta la saciedad y, ¿cuál fue su sorpresa? Maldita sea, ¡hacía tiempo que había dejado de estar medio vacío!: todo aquello que se estaba arremolinando dentro de él había superado con creces el punto medio de su ser y, quién lo diría, ¡ahora era el vaso más perfectamente medio lleno que había conocido! Digamos que, en este punto, el señor vaso volvió a ser feliz. Saboreaba el optimismo, se sentía bien consigo mismo. Demonios, seamos sinceros, ¿cuántos vasos a lo largo y ancho del mundo pueden considerarse medio llenos? ¿Por qué no iba el señor vaso a ser feliz?
Todo aquel éxtasis, aquella utopía ilusoria que lo rodeaba día y noche, aquel simulacro de felicidad, no fue más que el principio del final. Digamos que, cuando alguien está triste, es capaz de entrever dónde está el fondo y cuánto queda para tocarlo. Pero, ¿quién se preocupa por saber cuándo le llegará el momento de tocar techo?
He de confesar que estuve presente en sus últimos momentos de vida. Miré impasible cómo rebosaba el contenido del señor vaso, y fui admiradora de la caída de la gota que excedió el volumen. No era una gota especialmente grande, ni especialmente llamativa. No cayó con la fuerza con la que cayeron algunas de las anteriores. Ni siquiera aterrizó en un punto estratégico de la superficie. Simplemente, llegó la última. Y ya no cabían más.
A partir de ese momento, y al notar cómo perdía una parte que, segundos antes, había sido indiscutiblemente suya, se volcó para recuperarla, vaciando así todas las demás gotas que tanto trabajo le había costado almacenar. Y, reconozcámoslo, es fácil para alguien que está vacío aprender a sentirse lleno; pero, ¿cómo le explicas a alguien que conoció la plenitud que ha de volver a acostumbrarse a no tener nada que retener?
Es curioso cómo algo aparentemente insignificante puede hacer que cambie todo lo importante.