Julio comienza con su oh, dios mío. Con más decepciones que palabras pueda encontrar, pero con más alegrías aún. No estoy viviendo el verano de mi vida, y no tengo intención alguna de convertirlo en eso. Ahora mismo hay pequeñas partes de mí esparcidas por España, y nadie puede ser completamente feliz cuando está partido por la mitad; así que me limitaré a descansar para un año que se avecina asquerosamente increíble.
Mientras tanto, las emociones, los sentimientos, los llorar de más y los reír de menos, se van también de vacaciones de verano, a echarse una cabezadita a la sombra en la orilla de la playa, a ponerse morenos para lo que les espera el año que viene, a recuperarse de la tralla que les he dado este año, siendo muy conscientes de que el año que viene les espera más y mejor.
Así y todo, no hacen falta palabras para despedirse de una misma. Pero, por si acaso cuando vuelva he cambiado tanto que no sigo siendo la autora de estas palabras: hasta pronto, y feliz verano.