domingo, 31 de marzo de 2013

Hogar, dulce hogar.

He vuelto de nuevo a casa, a cientos de kilómetros de mi hogar, y unos ojos ajenos me han ayudado a despertar, haciendo de nuevo lo que nunca nadie había sido capaz de hacer.

Me he mirado y he asentido contenta porque la tristeza que me había abandonado ha vuelto a ser libre al encerrarme en su cárcel.

Ahora me saluda desde mis rincones una maleta con las ruedas demasiado desgastadas de rodar por tus adoquines y volver a no encontrarte.

Mañana desharé la nostalgia y sufriré los bártulos, pero esta noche solo me queda bailar sobre su caudal y olvidar que es en tu océano donde desemboca el resto de mi vida.