jueves, 16 de enero de 2014

¿Bailamos?

Te pedí que me acompañases en el vals de las mentiras piadosas, pero eras incapaz de mirarme a los ojos después de que yo te apartase la mirada. El hecho de que solo te crea si te veo me tiene un poco (des)colocada; y es que hace tanto tiempo que no nos cruzamos que estoy empezando a pensar que nunca pasó nada, que nunca te hice daño, y que todos los errores jamás fueron culpa mía.

Pero te recuerdo a veces en algún segundo de mi ajetreada vida, y me pregunto qué tendría que hacer entonces que fuese lo suficientemente importante como para no estar contigo. Y lo recuerdo en contra de mi voluntad: tenía que hacerte daño; porque así es como te quería, rompiéndote para arreglarte inmediatamente después. Porque no sabía hacerte feliz si no era haciéndote llorar primero.

Y así pasaron muchos más meses de los que nadie apostó por nosotros, y así habrían pasado muchos más; de no ser porque incluso yo dejé de apostar por lo nuestro. Llámalo kilómetros, distancia, añoranza o ser una grandísima hija de puta. Llámalo como quieras, ese recuerdo es tan tuyo como mío.

Sin embargo, tú no recuerdas tus ojos rojos y tus manos temblorosas; ni lo pequeño que te veías tumbado sobre mis piernas, intentando acariciar los últimos segundos que nos quedaban de vida. Tú no te recuerdas como te recuerdo yo... Y por eso ahora afirmas que nunca podríamos haber seguido juntos. Y me das las gracias. Las gracias mil veces. Mil cinco, incluso. Porque ahora has encontrado a alguien mejor que yo. Y ella sí que sabe hacerte feliz.

Y me alegro. Te juro que me alegro. Pero no puedo evitar tener pena por aquellos diecisiete años que se quedaron en standby, esperando a que volvieses y me llevases contigo a nuestra nueva ciudad. Y dos años después... Sigo bailando sola el vals de las mentiras piadosas, con la diferencia de que esta vez no son para ti, sino para mí misma.

Y ahora entiendo por qué llorabas.

Pero sigo sin entender por qué no lloraba yo.

martes, 31 de diciembre de 2013

5L.

Desde que no estás conmigo
la vida se ha hecho invierno,
y se me ha hecho casi de día
escuchando cómo sonaba tu voz
a cientos de kilómetros.

Quizá te digan eso
de mis idas y venidas,
o intenten convencerte de que en mi cuerpo
no cabe ni un solo nombre mas.
No les creas.
Tengo un hueco para ti
en cada uno de mis rincones;
y si ni siquiera yo sé lo que quiero
no va a saberlo nadie.

Lo que sí sé es que me estás esperando,
y que en cuanto me aflojen la soga
voy a correr hacia ti como una yegua de carreras.
Voy a embestirte con todas y cada una
de las células de mi cuerpo.
Y te va a faltar campo para correr
cuando te cuente todo lo que he soñado contigo.

De ti espero simplemente que, como siempre,
me beses los ojos y te dejes hacer,
y me digas mirándome a las manos que menos mal,
que ya era hora, que se estaba acabando el año
y te podía la tristeza de dormir otra noche más sin mí.

lunes, 16 de diciembre de 2013

¿Dónde estabas?

Me arañan las ganas en busca de un reencuentro, con uñas largas, afiladas, pintadas de rojo. Rojo... pasión. Como el color de mis labios el día en que me conociste, como el color del coche que nos lleva de mi casa a la tuya, de tu cama a la mía, de mi cama a la tuya, de tu casa a la mía.

Estos días son testigo de los abrazos que te he soñado pensando en otros nombres, de cómo no quiero quererte por miedo a quererte sin querer. Pero me sorprendo fumando por no comer entre horas, comer entre horas, comer...te entre horas. Tu colchón es la mejor dieta que el hombre ha sido capaz de inventar.

Y tus brazos no son tan largos como para abrazarme a kilómetros, ni tu cuerpo es tan alto como para regalarme la lluvia que necesito para apagar todo este fuego. Pero tus palabras engloban el planeta y son tan concretas que me encogen las tripas y me las arrugan como una hoja de papel que ya no sirve. Borradores; como mi espalda a tus dedos, o esta historia al resto de nuestras vidas.

Si me permites divagar, hace tiempo que no me ando por las ramas. Ya no pienso en nada si puedo permitirme reflexionar. Escribo torcido sobre horas en blanco llenas de tachones. Y la curva de tu sonrisa se parece tanto a la mía que somos el círculo perfecto que todos dicen que es imposible representar. Representar. Presentar. Presente. Ya sabes lo que dicen del futuro y el pasado.

Eres un minuto al día, y yo soy un año en un suspiro, y aún así me buscas, me encuentras, y vuelves sin haberte marchado. Y todo es tan bonito que no me gusta, porque me asusta la tranquilidad de saberme segura contigo. Conmigo. Contigo. Sin mí.

No intentes entenderlo, porque nada tiene sentido. Ni yo sé escribir, ni tú sabes leer. Ni estas palabras han salido de mis dedos, ni tú eres el somnífero que me mantiene despierta todas las noches. No eres poesía, no soy adicción. No somos risa envasada al vacío en condones de látex. No somos viajes que aún están por venir. No eres Madrid. No soy Jaén. Y 1999 no me cogió anoche por sorpresa, saliendo de tu habitación, mientras que yo te esperaba desnuda, fumando, y sin ganas de volver a soñar.

lunes, 9 de diciembre de 2013

7L.

Hemos hecho girar al mundo más deprisa de lo que giran las manecillas de nuestros relojes. Me has encontrado abrazada a tus mañanas en un sofá desvencijado que amenazaba con ceder ante nuestro peso. He olido mi pasado en tu cuello, y te he besado hasta borrar de tu piel todo rastro de ternura.

Hemos empañado cristales en autovías y hemos empujado nuestras ganas cuesta arriba, para lanzarnos por la pendiente y ser capaces de volver a arrancar. Nos han dado las tantas esperando un poco de paz, y hemos reído con las letras de tu nombre en labios de los míos.

Mis ojos morados te culpan por el insomnio que los causa, y es que he soñado menos contigo de lo que habría cabido imaginar. Y por eso precisamente te escribo algo que se que no leeras, porque no se como decirte que dormir no es sinónimo de soñar, igual que reír no es sinónimo de amar.

Pero quién soy yo para decidir por mí; quién puedo llegar a ser para decir qué debo y qué no debo hacer. Cuestión de cuestionarlo, de encuestar a las sabanas que nos han dado abrigo y preguntarles si realmente creen que lo que vieron fue amor. Y seguir confiando en el tiempo, que nunca me ha fallado. Tiempo... Quizá sea cuestión de eso, simplemente. Quizá haga falta tiempo.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Vuelta al origen.

Vuelvo de nuevo, como siempre. En este tiempo he sido incapaz de no someterme al paso de los días, al llegar de nuevos reencuentros, a la acogida de unos brazos que me abrazan sin estar. Me sobrecoge el calor de las despedidas; me abruma la soledad de las bienvenidas. Llego yo, otra vez. Vuelvo a sus vidas llenas y a sus espacios vacíos; me meto entre las enredaderas que componen la complejidad de sus quehaceres, y ellos me dejan hacer, como quien anda por su casa, como quien quita y pone sin más explicación que un simple "quería estar contigo".

Nunca menosprecies el poder de los reencuentros. No debes huir de tu hogar; de hecho, aunque lo intentes no vas a poder. El hogar no es un sitio fijo, es un estado de ánimo que te mece cuando tienes sueño y que te echa un cubo de agua fría cuando tienes que despertar.

Siempre vuelvo, y creo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme que siempre querré volver. Ellos son las primeras hojas caducas del otoño, y el primer grado bajo cero del invierno; pero también son hierba en primavera y calor en verano. Son todo lo que tengo y todo lo que puedo llegar a ser.

Ellos son muchos; más de los que me gustaría aceptar; y son míos. Míos por derecho, míos por tiempo y míos por cercanía. Son casi tan míos como suya soy. Y nunca querré escapar de ellos, igual que nunca querría escapar de un lugar al que pueda llamar hogar.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Abajo.

"Voy a follarte a mentiras" pienso, mientras me hablas de tus mil maneras de amar la vida. A este paso terminaré escribiéndote una lista con las cosas que me rompen el corazón, por si algún día te hace falta. Te besaré sin ganas y me dejaré perder, te diré la verdad siempre que no me la pidas, te dejaré solo cuando llegue el invierno, y en verano llegaré para agobiarte con mis pies fríos. Así día tras día, año tras año, vida tras vida.

Me tendrás tan lejos que casi podrás tocarme. Te veré tras mil pantallas buscando mis ojos, y yo seguiré mirándome a mí primero, porque ni siquiera tú tienes el poder de hacer que eso cambie. Te pediré perdón por no disculparme, te pediré explicaciones cada vez que no me engañes.

Seremos Ícaro en un Viaje al Centro de la Tierra y Lidenbrock volando cerca del sol. Seremos tan jóvenes que no moriremos nunca. Seremos tan antiguos como lo que está por llegar. Seremos uno, dividido en dos mitades por cientos de kilómetros.

Soñarás conmigo.

Mentiré por ti.

Prometo ser tuya y de nadie, como a ti te gusta. Prometo contarte lo que no me preguntes, y echarte alma para que me expíes el cuerpo. Prometo ser mucho más de lo que soy sin ti. Prometo guardarme el luto de tus ojos negros. Prometo hablar contigo hasta que se nos vaya el acento. Prometo masturbarme solo cuando tú no estés.

Solo tienes que olvidar las mentiras y desvestirme con verdades. Yo te vestiré de fiebres y contracciones, y de todo lo que con el tiempo no te podré ofrecer.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Warning.

El espejo me dijo que todo iría bien y me lo creí,
igual que los niños creen los cuentos a la hora de dormir.
La distancia es un poema que me sé demasiado bien,
y la vida, a veces,
es casi tan puta como yo.
Tú aún no lo sabes; claro que no.
No conoces nada de otra persona si ella no quiere,
y yo no quiero que me conozcas,
porque huir duele más que no llegar nunca.

Te veo en el momento y lugar más inadecuados,
andando sobre las vías,
caminando en línea recta,
siguiendo los patrones que todos siguen,
porque están bien.
Yo voy detrás de ti, zigzagueando,
preguntándome cómo será tu vida
desde que sabes mi nombre,
qué pensarás cuando veas a dos personas
de la mano por nuestra ciudad,
cuántas horas al día inviertes
en no pensar en mí.
Y sé que ninguna respuesta me será placentera;
así que freno y nunca enuncio las preguntas en voz alta,
por miedo a que contestes.

Las mariposas del estómago habían vuelto,
y llegaste justo cuando tenía el cuerpo
en cuarentena por fumigación.
Has de entender, si no lo has entendido ya,
que una casa no puede llenarse de ilusión
cuando está vacía.

No puedo ofrecerte un hogar en mi cuerpo,
ni darte calor cuando estés muriendo de frío,
ni sonreírte cuando estés mal.
No puedo entregarte algo que no tengo.

Pero puedo alquilarte una habitación a corazón abierto,
y jugar contigo a las carreras
por los largos pasillos de mi espalda.
Puedo esconderme en tu cuello
y aparecer cuando menos lo esperes.
Puedo llenarte de inviernos la bañera
y acurrucarme contigo en verano
para que no pases dolor.
Puedo fingir estar bien,
si tú me prometes fingir que te lo estás creyendo.

Y cuando menos lo esperes,
igual que emigran las aves cuando llega el frío,
igual que desaparecen las huellas con la resaca de las olas,
igual que llegué; así de sencillo,
me habré marchado sin despedirme.

Pd: Te doy un cheque al portador con mil excusas,
para que te pagues una sonrisa nueva.
Espero que sepas no perdonarme.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Eyes on fire.

Tiraste una piedra y escondiste la mano en mis piernas, y ya no fui capaz de olvidar el color de tus ojos. Reviviste hasta el ultimo minuto de mis horas muertas y me cerraste los ojos para enseñarme a mirar. Ahora todo es mucho mas tranquilo de como lo recordaba; todo más fácil, todo con calma, todo mejor.

No eres el primero ni el ultimo que me descose las costuras, pero los puntos de sutura que me dejaron tus yemas estan tardando demasiado en borrar su marca.  Me sujetaste el corazon a la piel y los cojones al cuello; y me hiciste olvidar la existencia de la palabra "no" si compartía edredón con tus brazos.

Ahora tu sombra me persigue pisándome los talones, siguiendome el ritmo, cortándome el paso si intento volver atrás.

Me lío otro, lo enciendo, me inspiro y te espiro el humo en la cara; y no me sorprendo cuando compruebo que tu expresión es la misma que cuando me dijiste "te quiero" por última vez.

martes, 19 de noviembre de 2013

Eyes wide shut.

Noviembre vuelve a helar
con la fuerza de ocho soles.
El frío de mi cuerpo no es más
que la punta de un iceberg
que emerge entre bastidores
para desvelarme el final de una historia
que ni siquiera ha tenido la oportunidad de empezar.

A estas alturas debería estar delante de ti,
mordiéndote el alma con los ojos
como hacía siempre que dejabas de quererme.
A estas alturas deberías estar dentro de mí,
rompiéndome los esquemas
mientras me suturas las heridas.

Podríamos volver a estar solos
sujetos a la mano de alguien,
mientras la oscuridad nos acaricia la espalda
y nos sopla en la nuca,
con la burla en la mirada y la lujuria en las manos.

Solo sé que no sabes nada;
que aún no entiendes el por qué de ser sin ti,
que ni después de mil vidas
serás capaz de entenderme cuando digo
que aunque muchos me hayan visto sin ropa
solo tú me has visto desnuda.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Quiero.

Quiero que seas los pies fríos 
que me calientan la cama. 
La risa que me despierta,
los susurros que me calman
cuando las pesadillas no me dejan dormir.
 
Quiero que seas punto y seguido
al final de cada frase, 
y que ni estando aparte
me encuentres un final.
Que seas el angel de tu nombre
y el demonio de los infiernos
que tengo debajo de la cama.

Quiero que me entiendas
cuando no me entiendo ni yo,
que me mires y me leas
como un libro abierto, 
que me sientas y padezcas
como la enfermedad mas dulce que jamas se ha colado en tu vida, 
que me mires y me desnudes
con la mirada mas tenue que he conocido nunca.

Quiero saberte contento
y con todo, dormirme contigo en mí,
besarte para que amanezca,
cambiarte la hora,
cantarte al oido,
volverte cuerdo mientras yo me vuelvo loca,
saltarte en la cama, 
bailar para ti.

Quiero hacer de las siete letras de tu nombre
mis siete pecados capitales.