domingo, 30 de junio de 2013

Finales que no encuentran comienzos.


Me concederán algunas licencias poéticas para subsanar la falta de objetividad resultante de escribir sobre alguien a quien has amado, y a quien seguirás amando hasta que el corazón deje de bombear. Este es mi drama; su drama; y quiero hacerlo vuestro para que pase a ser nuestro, y podamos amarla juntos, en una orgía de sentimientos cuya existencia parece haber olvidado el ser humano. 

Ella fue lujuria, inocencia, soledad, compañía, belleza, arte y sensibilidad, todo en unos mismos ojos, una misma espalda, unas mismas piernas y un mismo cielo entre ellas. Mirarla directamente a los ojos podía llegar a ser la carta de suicidio de cualquier pobre infeliz, enloquecido por el caos que se anudaba en verdes remolinos alrededor de su pupila. Y ella era consciente de ello, y supo usarlo siempre que tuvo ocasión. 

Ella fue una musa, una sombra que durante el día se enganchaba a tu espalda y que desaparecía cuando las luces se apagaban. Solo una vez la vi despertar a mi lado, y como salida de una canción de Sabina, me miró y susurró "demasiadas cervezas". Y desapareció. Como siempre hacía. 

Demasiado tiempo subsistió su cuerpo después de tanta tralla. Demasiados ojos habían visto esas pupilas expandirse en primerísima persona, convirtiéndose en agujero negro capaz de tragarse cualquier rincón por un poco de paz en polvo. Ella era ama y señora de todos los tipos de polvo, y su cuerpo la acompañaba en la dulce danza del sexo extasiado en mitad de una montaña de nieve. 

Se hizo fuerte a base de masacrar sus debilidades. Se hizo tan fuerte que ni siquiera la vida fue capaz de traspasar la coraza que se había construido para protegerse del mundo. Y sin vida siguió viviendo, con la mirada perdida y la boca semiabierta; como tantas veces la había tenido bajo mi cuerpo; pero esta vez sin sangre de diera color a sus labios, y sin voz que me gimiera al oído que no parase nunca. 

Murió en otoño, cuando el tiempo aún no ha decidido si calentar o enfriar nuestros cuerpos. Ella decidió por sí misma: cuando agarré su mano aquella tarde noté un témpano de hielo entre mis dedos, sin fuerza y sin color. Ella, sin sonrisa, ya no era ella; y yo, sin ella, ya no era yo.

El cielo nos lloró un pésame grisáceo a lo largo y ancho del tiempo y la ciudad, y me acompañó a casa, como dando a entender que, aunque físicamente se hubiera ido, ella seguiría allí, jodiéndome la vida como siempre había hecho, y como yo le había pedido que hiciera siempre.

Y quizás sea un error escribir sobre ella, porque dicen que solo has de escribir sobre lo que conoces, y si soy sincero jamás llegué a conocerla, porque jamás se dio a conocer. Era un libro cerrado, hermético y sin letras en la portada. No supe nada de ella y, sin embargo, la amé más de lo que nadie podrá nunca amar a otra persona. 

domingo, 23 de junio de 2013

No title.

Aún hoy sigo preguntándome, a veces, por qué la odiaste tanto; qué te hizo ella para que cada una de sus lágrimas fuera una de tus sonrisas; y qué mal pudo hacer al mundo una chiquilla para que tú se lo devolvieras todo en un solo golpe con tu mirada más triste anclada en el final de sus pestañas y rodándole mejilla abajo. Ella te quería y, si aún viviese, te seguiría queriendo; probablemente hasta el último e insignificante segundo de su vida.

No te culpo por no quererla. Tenía sus cosas, sus más y sus menos, sus manos frías, sus malas noches y su mal humor; pero con ella siempre tenías la cama caliente, los buenos días y... y bueno, también su mal humor. Pero no comprendo el por qué de tanto odio. Aún no entiendo por qué la mirabas como si la quisieras solo para ti, si jamás te dolió compartirla con todos. Ella lo hacía por ti, ¿lo sabes? Por ver si encontraba un leve rastro de celos en tus ojos. Y jamás dio con él.

Me dijo que, si alguna vez pasaba esto, contactase contigo y te dijese que jamás te había querido, para que, al menos, el odio te ayudase a digerir mejor la pérdida. Ya la conoces, era adicta al drama. Pero viéndote aquí, de pie, impasible ante tanta palabrería, creo que no hace falta que te mienta. Te quiso. Y te lo digo porque sé que no te hará más difícil asimilar su muerte. Porque no sientes haber perdido nada. Porque todo esto no es más que el adiós que tantas veces le diste, pero sin que ella esté aquí para convertirlo en un hasta luego.

martes, 18 de junio de 2013

Para leer en tiempo pasado.

Mis pulmones están llorando
por las veces que me he tenido que fumar
las palabras que te había escrito,
y la ceniza está empezando
a formar dibujos que se asemejan
a la arrogancia que expresan tus ojos
cuando me sabes sola.

Eres cruel,
mentiroso,
manipulador,
y te quiero.
Te quiero mucho.

miércoles, 12 de junio de 2013

Refranero.

Después de tanto sigo y tanto paro, de tanto subo y tanto bajo, de tanto meto y tanto saco, de tanto te quiero y tanto ya no; después de ver cómo el tiempo ha pasado y he seguido esperando algo que jamas llegó ni tiene intención de llegar, me he dado cuenta de que nada de esto merece todo lo que he pasado. No merece ni la pena, ni la risa, ni el respeto, ni los insultos, ni las ganas de más, ni la ropa de menos, ni la falta de dignidad, ni el exceso del resto. Por no merecer, no nos merecemos ni a nosotros, tu por mucho y yo por poco, y a veces viceversa, en lo que a algunos aspectos se refiere.

No saber lo que está pasando en ningún momento me ha ido salvando una vez tras otra de adivinar la verdad en tus ojos y la mentira en tu risa. Ya sabes lo que dicen de los pájaros, que más vale uno en mano... que ciento en la cama; pero tú el refranero ni lo conoces ni lo conocerás. Por tus ojos no pasará el más vale tarde que nunca, ni el dos no se pelean si uno no quiere; o, sin ir más lejos, afortunado en el juego, desafortunado en amores.

Sin embargo, y para mi pesar, parece ser que hay algunos que, a base de bien, han entrado en tu vida y han hecho mella. Y, si no, que se lo pregunten al amor, con amor se cura que llevas como bandera y estandarte por las calles de tu vida; o al del amor al odio hay un paso que nos golpeó en el pecho y nos dejó sin respiración. E, ilusa de mí, intenté sacarle brillo a un descolorido contra amor es remedio poner mucha tierra en medio, sin saber, ni sospechar siquiera, que no se puede huir de algo que llevas tan dentro, mas que huyendo de ti misma.

Por eso vuelvo, y me siento más vacía en casa que en un lugar con el que apenas tengo relación. Porque aquí soy consciente de que jamás te he tenido; y allí, al menos, me queda el recuerdo que yo misma he tejido durante estos años; el recuerdo de algo que jamás ha sucedido; el recuerdo de un cariño con el que jamás me has mirado; y el recuerdo de un abrazo que nunca accediste a darme.

Por eso me voy, de nuevo, para huir de la cultura popular de tu cuerpo y del refranero que dedican mis ojos a los tuyos. Por eso huyo, porque el próximo amanecer que quiero ver en esta ciudad he de verlo desde tu cama, y con tu cabeza entre mis piernas; el amanecer de verte mío, conmigo y dentro de mí.

viernes, 7 de junio de 2013

Vuelvo.

Vuelvo a gritarte para que no me oigas, hoy sabiendo más que nunca que mis palabras son balas de fogueo que apenas llegan a rozarte, compitiendo contra el bazookazo que son las tuyas cuando me confiesas que jamás te hice feliz. Me sentí explotar de pies a cabeza, en orden ascendente y con un incremento proporcional y significativo de la intensidad. Mi cabeza explotó en último lugar, pero no, hijo de puta, no te iba a dar el gusto de verme llorar de nuevo; no allí, donde me hiciste sonreír por primera vez; no en el sitio en el que me juraste que tu vida sería mía.

Creo que solo te escribo para escupirte de vuelta la mierda de la que has llenado mi vida; toda esa basura que te empeñas en hacerme creer para luego mofarte en mi cara de lo crédula e inocente que soy. Tú y tus putas mentiras piadosas; tú y tu puta tendencia hipócrita a negar una evidencia que se burla de mí en mi cara. Tú, y los pocos cojones que le echas a la vida, y lo sencillo que parece todo cuando yo hago que todo vaya bien.

Enhorabuena, ha vuelto a pasar, lo has vuelto a hacer; has minado por completo la poca confianza que había vuelto a depositar en ti; aunque, esta vez, te ha explotado en la cara. No diré que yo esté bien; no diré que esta es la última vez que te escribo, ni diré que no volveré a arrastrarme cual gusano para estar a tus pies cuando y como tú digas; pero al menos sé que cuando te defiendes con mentiras, la verdad termina destacando por su propio brillo, y cada vez esa verdad tarda menos en aparecer.

Cada vez eres más evidente, más predecible y más detestable. Y si no tuviera una fijación un tanto psicótica con recuperar algo que jamás ha existido, probablemente serías solo un nombre que vagamente acertase a recordar.

martes, 4 de junio de 2013

Hoy mereces, más que mi pasado, una mención especial.

Esta vez, como la mayoría, tampoco habrá recuento de momentos felices ni de problemas superados. No habrá llantos, ni alegrías; ni siquiera una queja por la mierda de edad que me tocará vivir. No diré que parece que fue ayer cuando, hace un año, me alegraba por poder beber, fumar y follar libremente, sin preocuparme de que eso tuviera repercusiones en casa.

Esta vez no; nada de eso. Esta vez te has ganado una breve porción de mi tiempo dedicada a lo asquerosamente tonta que me haces sentir cuando te digo "no" y mi entrepierna te contesta "sí". Porque, seamos sinceros: utilizas demasiado bien el truco de la luna. Y, ya ves, como musa cautivada me veo escribiéndote, de nuevo, algunas líneas para que pases el tiempo pensando que te pienso; o, mejor dicho, sabiendo a ciencia cierta (si es que aún no lo sabes) que es así. Y acabamos de empatar, y terminaré ganando yo; como siempre pasa.

Quizá nunca he visto necesario avisarte de lo crueles que son mis ojos cuando reciben un "no" por respuesta, o de lo fríos que están mis labios cuando no besan justo la respuesta que estaban esperando. Por eso, porque ni mis ojos quieren incomodarte ni mis labios quieren robarte el calor que, cuando pides, te dan, he de pedirte suplicarte que no sigas por el camino de los besos, las caricias y las noches de luna llena; porque nadie es inmune a las canciones de amor.

Atte: La niña imantada (o lo que ha quedado de ella después de tus palabras).

lunes, 3 de junio de 2013

spnb


Me has metido en el sitio donde sueles gritar sin alzar la voz y eso es mucho más de lo que yo puedo tragar. Cada coma y cada punto me tiene cogida por los huevos, y ni quiero ni puedo romper tus palabras con mi voz, porque tanta dulzura se me queda demasiado grande.

Demasiado fácil vivir con tus palabras a la espalda para sacarme una sonrisa. Demasiado tiempo dependiendo de tu tiempo para saber si puedo o no puedo ser feliz, en función de si estás o no dispuesto a volver a rescatarme. Pero siempre estás; un amante sin capa ni mensaje en luces de neón, dispuesto a dejar que lo hieran mucho.

Y me he sorprendido matando uno a uno a los pelos de punta al leerte descargándote de mí, deshojándome entera como nunca hubiera imaginado que nadie me vería. Has sabido hacerme sentir que estabas presente aunque no hayas podido estarlo, y la idea de tu abrazo ha vuelto a ser quien me ha puesto los pies sobre la tierra. No sabes lo que me acojona imaginar el momento en el que el abrazo se vuelva real; no quiero ver cómo me niegas comerte la vida, e imagino que tampoco sería plato de buen gusto para ti.

Tu habitación me ha desordenado con otra boca, pero todo el mundo sabe (o debería saber) que el amor no es solo cosa de dos. O, al menos, no es solo cosa de nosotros dos; aunque parezca que no hay nadie más sobre la Tierra cuando entras en mi coche, cierras la puerta y me sonríes directamente a los ojos. Como una puta flecha directo al centro de mis pupilas.

Así que, enhorabuena, lo has vuelto a hacer: acabas de convertir una noche gris en otra de tus noches azules.