Desde que no estás conmigo
la vida se ha hecho invierno,
y se me ha hecho casi de día
escuchando cómo sonaba tu voz
a cientos de kilómetros.
Quizá te digan eso
de mis idas y venidas,
o intenten convencerte de que en mi cuerpo
no cabe ni un solo nombre mas.
No les creas.
Tengo un hueco para ti
en cada uno de mis rincones;
y si ni siquiera yo sé lo que quiero
no va a saberlo nadie.
Lo que sí sé es que me estás esperando,
y que en cuanto me aflojen la soga
voy a correr hacia ti como una yegua de carreras.
Voy a embestirte con todas y cada una
de las células de mi cuerpo.
Y te va a faltar campo para correr
cuando te cuente todo lo que he soñado contigo.
De ti espero simplemente que, como siempre,
me beses los ojos y te dejes hacer,
y me digas mirándome a las manos que menos mal,
que ya era hora, que se estaba acabando el año
y te podía la tristeza de dormir otra noche más sin mí.
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