He vuelto a una ciudad llena de corazones vacíos,
y vuelvo a estar sola.
El tumulto se estremece entre tanto ruido muerto,
y ya no hay voz, ni tacto
que me salve de tanta estrella fugaz.
Estoy intentando resistirme
a la poesía que se esconde tras el ruido de un orgasmo,
pero dime ¿cómo se llena una cama de dos
cuando solo duerme uno?
La condena de una cárcel de libertad
me tiene cogida por los huevos,
y ya no recuerdo qué era despertar
y que alguien estuviera a tu lado,
de frente y contra todo,
dándote los buenos días y asegurándote que todo irá bien.
Sé bien que acudirás a cada una de mis llamadas de auxilio,
pero hay tantos brazos dispuestos a socorrerme en esta ciudad sin mar
que ya no sé ni quién soy,
ni de dónde vengo.
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