martes, 4 de junio de 2013

Hoy mereces, más que mi pasado, una mención especial.

Esta vez, como la mayoría, tampoco habrá recuento de momentos felices ni de problemas superados. No habrá llantos, ni alegrías; ni siquiera una queja por la mierda de edad que me tocará vivir. No diré que parece que fue ayer cuando, hace un año, me alegraba por poder beber, fumar y follar libremente, sin preocuparme de que eso tuviera repercusiones en casa.

Esta vez no; nada de eso. Esta vez te has ganado una breve porción de mi tiempo dedicada a lo asquerosamente tonta que me haces sentir cuando te digo "no" y mi entrepierna te contesta "sí". Porque, seamos sinceros: utilizas demasiado bien el truco de la luna. Y, ya ves, como musa cautivada me veo escribiéndote, de nuevo, algunas líneas para que pases el tiempo pensando que te pienso; o, mejor dicho, sabiendo a ciencia cierta (si es que aún no lo sabes) que es así. Y acabamos de empatar, y terminaré ganando yo; como siempre pasa.

Quizá nunca he visto necesario avisarte de lo crueles que son mis ojos cuando reciben un "no" por respuesta, o de lo fríos que están mis labios cuando no besan justo la respuesta que estaban esperando. Por eso, porque ni mis ojos quieren incomodarte ni mis labios quieren robarte el calor que, cuando pides, te dan, he de pedirte suplicarte que no sigas por el camino de los besos, las caricias y las noches de luna llena; porque nadie es inmune a las canciones de amor.

Atte: La niña imantada (o lo que ha quedado de ella después de tus palabras).

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