miércoles, 5 de diciembre de 2012

A la tercera, me tienes vencida.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Entonces, cuando se pierde la esperanza, ¿qué nos queda? Nada. La respuesta es nada. Si ni siquiera poseemos las fuerzas suficientes para mantener la esperanza, ¿cómo vamos a tener fuerzas para avanzar y salir adelante? Sin una mano que te ayude a levantar, ¿cómo se supone que debemos hacernos fuertes? Si no tenemos nadie a quien descubrir, ¿cómo podemos descubrirnos a nosotros mismos?

Cuando conoces a la persona que condicionará tu vida a su antojo, te das cuenta de que todos vivimos con un vacío que somos incapaces de llenar por nosotros mismos; aunque la gran mayoría de la gente prefiere ignorar su existencia.

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